25.11.14

Maldito Ello

Los pájaros oscuros que me revolotean
(En este preciso instante)
Me llevan en sus alas negras a pensar en vos.
En todo lo que dejaron las luminarias de tu alma
En mi interior obscuro.
En lo poco que fue y lo mucho que no podrá ser.

Me pregunto… 
Si te hubiera mostrado mi madera podrida
¿Hubieras amado mi flor, mi fruto sumiso?
¿Atesorarías en tu piel la frescura de mi sombra?

Y si te hubiese enseñado mi fragilidad tan insegura…
¿Te habrías sentido a resguardo en mi pecho?
¿Te hubiera cautivado mi lana de peluche?
¿Hubieses comprendido al lobo?

Nos han enseñado a no desnudarnos, a amar lo fútil, lo baladí,
Lo externo y aparente. Tuve miedo de ser.
Hoy, estoy aquí, en mi jaula de pájaro carroñero,
En esta tumba maloliente. Un paria más de la existencia.
Perdí el mapa, extravié el camino
Y te preferí muerta antes que de otro.
Maldita la oscuridad de perro rabioso que me habita,
Y se apoderó de mí aquel instante.
Maldito corcho que saltó y liberó  las eruptivas burbujas
De mi champán avinagrado.
Maldito mi ser que no puede acompasar con esta realidad.
Maldito yo por no estar arrepentido. 
Te amo.

31.10.14

Ecos de guerra

Se oyen estampidos de fusil
En un bosque de hayas en Ucrania
Y una bandada de palomas vuela
Como intentando eludir crasa vesania.

Se oye un estruendo de misil
En las sedientas arenas, allá en Gaza
Y una niña palestina muere
Apagándose como una brasa.

Se oye una gran detonación
Cerca de Homs, en la tarde sangrienta
Y un convoy humanitario es triturado
Para el dolor de muchos, cruel afrenta.

Se oye el tronar de un AK 47
A orillas del Yuba por Somalia
Y un niño negro que se hace hombre
Con sus manos en sangre de metralla.

Se oye el retumbar de algún mortero
En una aldea centroafricana
Y el vuelo de un amor que se hace añicos
Porque acaban de cortar sus blancas alas.

Se oye el fragor de una batalla
En Sudan, en un campo de cosecha
Y una familia ve morir sus esperanzas:
El fantasma del terror y el hambre acechan.

Se oye una risa descarada
En la polvorienta y sufrida Afganistán
Y una mujer árabe es violada
Y ultrajada por el talibán.

Se oye el chirrido de una daga
En un video de la televisión
Y un inocente periodista es degollado
Por un psicópata en el nombre de su Dios.

Se oye el trinar de un canillita
Que ofrece diarios en la esquina
Y en su portada anuncian unas muertes
Por unos narcos de México, Colombia o Argentina.

Se oye el ringtone de un celular
En una calle de la gran ciudad
Y la muerte se lleva la vida de dos niños
En El Congo por un kilo de coltán.

Se oye el sonido de un descorche
De una cara botella de champan
Y un traficante de diamantes que sonríe
Mientras cientos de miles ni tienen para el pan.

Se oye silencio por el norte
Las noticias de la guerra no se oirán
Y una nación apoya su patético gobierno
Que por petróleo hasta Neptuno irá.

Se oye una máquina cuenta billetes
En un banco de la Suiza neutral
Y un mercader de las armas que festeja
El nacimiento de una nueva guerra tribal.

Se oye el llanto de los niños
Se oye al dolor y al hambre apretujar
Se oyen misiles y metrallas
Y esta vieja costumbre de los hombres
Con su lanza que no cesa de matar.

28.7.14

El último latido

El día en que el todo y la nada crucen sus caminos;
Cuando mi palpitar se detenga y la luz se haga incandescente;
Cuando los ángeles caídos quieran sumarme a sus filas,
Estaré allí para tomar tu mano, deseada
Para acariciar tu rostro de niño
Y atrapar tu sonrisa apacible.
 
Cuánto deseo tenerte en mi pecho,
Llorar toda esta ausencia desde que partiste
Y henchir el corazón de algarabía.

No imaginas lo difícil que es que no estés.
El vacío es inconmensurable
Y los que te amamos simulamos haberlo superado.

Por eso estaré allí,
Ansioso de estrecharte sin el tedio de la vida,
Sin el lastre que depara la rutina,
Sin el peso de este cuerpo que envejece.

No hay manera de escaparle a este destino.
Aún me quedan promesas que cumplir,
Un hijo que criar, un poema que escribir.

Pero tarde o temprano estaré allí,
Ni antes ni después. Sólo en el preciso instante
De mi último latido.

12.7.14

Malaria

Ella corrió hasta la iglesia
Aquella ardiente mañana
Cuando el son de la campana
Brotó desde el campanario.
Ni el párroco, ni el vicario
Advirtieron la presencia
De una madre que en su urgencia
Hasta El Señor acudía.
En su ruego ella pedía
Con simpleza y reverencia
Que Diosito en ese día
La honrara con su presencia.
Resulta que en los ranchillos
Desde la noche anterior
Su niño se seca en fiebre
Sin que se acerque un doctor.
Ni las rodajas de papa
Ni bañarlo en el fuentón
Pudieron calmar la furia
De la mala quemazón.
Por esta misma razón
Ella se bate en plegarias
Se ha pescado la malaria
Su niño del corazón.

28.4.14

Poemario

(I)
Pasas, y como si nada sucediera
No puedes darte cuenta del Big Bang que acontece:
En mi alma, en mi corazón fibrilado,
En el mar de axones y dendritas
Y en la Vía Láctea de mis hormonas.

(II)
Estás, y el tiempo se detiene.
La alegría se esparce por los poros;
Las cucarachas huyen y las calandrias se posan en el tendal.
No hacen falta música ni manjares. Tan sólo Tú.

(III)
Tomas mi mano y un vuelo de palomas siembra mi paz.
Siento que no caigo ya al barranco
Y que me crecen alas que sostienen
Mi pobre humanidad de niño inseguro.

(IV)
No ha de secarse esta lágrima, no
Hasta que el tenue aliento de tu boca de fresa
Vuelva a posarse en mis labios ávidos y descarnados.

(V)
Te has ido, el colchón aún conserva la tibieza de unos cuerpos.
Por el aire vaga un aroma genital.
El baño aún está húmedo y fragante.
Has olvidado una tanga a los pies de la cama.

(VI)
Búscame si estás perdida,
Si has extraviado el camino a casa.
No me he mudado: Sigo clavado en el mismo agujero
Y la llave continúa debajo de la alfombra.

(VII)
La soledad me carcome en el silencio
Y la almohada, húmeda y helada no da consuelo.
Me he levantado y he salido a la calle,
A buscarte en esta noche fría.

(VIII)
Quizás regrese al estanque en que te besé.
Tan sólo para acariciar con mis cornetes
El aroma del agua clara en donde quedó aprisionado
El perfume de tus pies de ninfa.

(IX)
Déjame sentirte una vez más,
Remover el enjambre de tu piel desnuda,
Olvidarme del mundo atado a tu cintura
Y estallar en los átomos azules de tu ser.

(X)
He decidido ya no pensar en Ti.
Me he sumergido en un mundo de T.V. vacía,
De copa de vino y comida ligera,
De horas de internet y amigos virtuales.
Pero no lo he conseguido.

20.3.14

Amor de invierno

La tarde gris está en mi valle
Como otras tantas de invierno.
El día va por el aire
Con su espada de escarcha entumecida.
 
¡Soy tan feliz en esta tarde!
Caminando de tu mano;
Solos los dos por el parque
Pisando las hojas de los árboles.

Y el sol,
Ese que ayer calentó mi verano
Hoy sos Vos;
La brisa
Esa que ondeaba suavemente mis cabellos
Hoy sos Vos:
Mi dulce niña Ojos de Gorrión.

Como una tibia mariposa
Vuela de tu boca un beso.
Yo lo atrapo tiernamente
En la hondura de mi corazón.

¡Soy tan feliz en esta tarde!
Porque siento que te amo
Y aunque caiga cenicienta la llovizna
Arde la hoguera refulgente del amor.

Y las olas
Esas que ayer llamaban mi locura
Hoy sos Vos;
La arena
Esa que mi piel estremecía
Hoy sos vos:
Mi dulce niña Ojos de Gorrión.

5.2.14

Quedarme solo

Al atravesar el umbral de la vieja puerta
Me habrá tragado la soledad
Con su boca negra;
Me desplomaré en el espiral de casa vacía
Entre un puñado de fotos muertas.

En la mirada los ojos rotos,
En el silencio el triste recuerdo,
En el reloj que no marca el tiempo
El cruel tic tac del desasosiego.

En el ropero su ropa mustia
Como gorriones en pleno invierno
Me invadirá de viejos olores
Que expelerán mohíno aguacero.

La cama sola en medio del cuarto
No está enterada del desconsuelo
Y espera alegre, edredón floreado
Que la colmemos con nuestros cuerpos.

Pero hace instantes ella se ha ido,
Dejóme solo en medio del río
De vida juntos que un día soñamos
Lejos del mundo y su desvarío.


Habré de besar ahora esa botella
Tantas veces
Como alguna vez la he besado a Ella;
Habré de beber y un río llorar
Hasta que el alcohol hágame olvidar.

31.1.14

La gente no sabe

La gente no sabe que soy un poeta,
Que soy un labriego de papeles blancos;
Que pinto la vida poniéndole letras,
Que me abro indefenso rosa entre los cardos.

La gente no sabe que soy un guardián
De versos que pugnan por su  libertad;
Que cual indulgente y sutil edecán
Los libro en metáforas colmas de beldad.

La gente no sabe que soy anacoreta
Amigo de la noche, el silencio y la excusa;
Que rendido me tiendo soberano en mi trono
Esperando que llegue la bendita musa.

La gente no sabe que bebo en la copa
De tinta bendita de los viejos dioses;
Que vomito pletórico la palabra escondida
En la masa inerme, en arcanos cofres.

La gente no sabe que yo me transformo
En puro sentir y vuelo a destajo
Cuando llego al éxtasis poético pleno
Y la letra sale como un agasajo.

La gente no sabe que soy cual la tierra
Que anida enjundiosa vida y aseidad;
Que germina en mí la semilla divina
De la palabra liada con humanidad.

La gente no sabe que soy como el agua
De la correntada briosa de los ríos;
Que arremeto en torrente de verso afilado,
Declarando el sentir y el sueño de los míos.

La gente no sabe que yo abro mi alma
Para que la puedan curiosos mirar;
Que soy confesor de mis hondos secretos
En el inefable  arte de rimar.

La gente no lo sabe y jamás lo sabrá
Aunque un día logre victorioso llegar
Quizás, talvez la muerte primera ha de arribar;
¿Acaso así será?

Ven,
Sigamos en vuelo de palabra escondida,
Llenemos las copas, vamos a catar;
Sintamos profundo cómo pasa la vida,
Ahora la hoguera vamos a atizar.

29.1.14

Un año

Dónde andarás hoy amado hermano,
Dónde estarás regalando tu risa, esa
Que escondía todo el dolor y la tristeza de tus desengaños.
Me pregunto si la chispa que fuiste en la hoguera de la vida
Sigue aún candente allí del otro lado.
No te imagino carbón ni ceniza, no
Te imagino brasa alimentando fogones de asado y guitarra.
Aquí,
La huella que dejaste seguirá su camino:
Tus ángeles están a resguardo y son los portadores de tu llama.

Hoy va a ser un día muy difícil. Te extraño.

17.1.14

Ellos y Yo

Ellos prefieren el feroz bullicio de la mar;
Yo del bosque la verde tranquilidad.
Ellos prefieren la luz de la ciudad;
Yo la luna en la eterna inmensidad.

Ellos prefieren el sol como el lagarto
Yo la sombra de la acacia mate en mano.
Ellos aman los días del verano;
Yo la lluvia allá en abril y mayo.

Ellos prefieren la ciudad, las multitudes,
Ese enorme shopping de cemento;
Yo prefiero caminar tranquilamente
En las calles de tierra de mi pueblo.

Ellos prefieren las noches en hoteles
Y casinos con el sello cinco estrellas
Yo prefiero la simpleza de una carpa
Y dormir bajo millones de ellas.

Ellos hipotecan sus vidas en acciones,
En oro, en dólares, en euros.
Yo me conformo con el pan de cada día
Y ser feliz con lo mucho o poco que tengo.

Ellos persiguen frenéticos el éxito,
El poder, el dinero y la fortuna afamada.
Mi fortuna radica en mis amigos, 
En la risa de mi niño,
En cálidos besos de mi amada.

Ellos sueñan con volver un día a Europa;
De donde vinieron hambrientos sus abuelos.
Yo tan sólo caminar mi Patagonia
Donde nací, crecí y armé mi huerto.

Ellos prefieren altavoces estridentes,
Zambullirse en éxtasis y música techno;
Yo prefiero la zamba en mi guitarra
Expresando mansamente el sentir nuestro.

Ellos prefieren las fragancias importadas
De Armani, de Dior, de Herrera o kenzo
Yo prefiero el olor de las manzanas
En mi valle de cosecha en pleno enero.

Ellos usan zapatillas All Star;
Yo prefiero la alpargata de otros tiempos.
Ellos disfrutan de solos bailar;
Yo de aferrarme a la tibieza de un cuerpo.

Ellos aman el celular y la PC,
Estar en red, en Twiter y Facebook;
Yo prefiero la magia de la radio
Y regalar la palabra cuerpo a cuerpo.

Ellos adoran las palabras en inglés
Yo adoro el mapudungun de mis ancestros.
Ellos no dicen – sí, dicen – yes
Yo prefiero el idioma del silencio.

15.1.14

Yo enfermera/o

Yo he andado por las noches,
Secando el sudor del afiebrado,
Tomando la mano del muriente,
Ayudándolo a partir en paz y calmo.

Yo anduve entre el fragor de la batalla
Cosiendo las heridas del soldado
Y le gané a la muerte alguna vez
En esos campos de dolor sembrados.

Yo fui rea, prostituta y religiosa
Y abrí mi corazón aletargado
A Jesús, a Barrabás, al condenado
Y me entendí con su interior humano.

Yo cerré los ojos de los muertos
Y le puse alas a los ángeles,
Y mitigué el sufrimiento de una madre
Cuando el dolor como una hoguera arde.

Yo fui los ojos, las manos y los pies,
La boca, la palabra y los oídos,
E hice nacer la sonrisa vital
En mil hombres y mujeres desvalidos.

Yo llevé el mensaje de la paz
Y amé al prójimo sin conocerlo,
Y fui pararrayos del dolor
En un pasillo, en una sala,
En el lecho destendido del enfermo.

Yo anduve nueve leguas en la noche,
Bajo la nieve, el sol, la lluvia y entre el viento
Para llegar a la casa de un doliente
En el bosque, la estepa y el desierto.

Yo soy fantasma de pasillos de hospitales
Con mi uniforme blanco en el silencio
De la noche cuando el mundo duerme
Y la enfermedad inunda el aire como incienso.

Yo soy como el agua del arroyo
En donde las almas lavan sus secretos,
Y también soy tal cual el carcelero
Que libera culposos prisioneros.

Yo el soy guardián de mil secretos
Que serán libres cuando parta rumbo al cielo
Y me reencuentre con aquellos que he cuidado
Y me hagan libre del lastre de ese peso.

Yo una vez fui tan sólo una caricia,
Un brazo extendido, una jeringa, un jabón,
Un oído obediente, una mano al infortunio,
Un agua que lavaba un cuerpo.
Y vencí la ignorancia y el prejuicio
Del doctor ordenando y yo cumpliendo.

Yo como el sol hoy camino mi camino:
El de la luz del conocimiento,
Y soy dueño de mi propio presente
De mis saberes y mi crecimiento.

Yo he ensanchado y he cambiado mi universo
Mas mi esencia no ha mutado con el tiempo
Sigo altruista, empático y solidario
Como un scout siempre listo, siempre atento.

2.1.14

Mordisco (Pecado original)

Ah! Manzana deliciosa,
Torbellino de deseo incumplido
Déjame catar el zumo de tu nido
Déjame beber de tu humedad sabrosa.

Quisiera asirte suave entre mis dedos,
Palpar con mis yemas tu lozana frescura,
Oler encendido tu perfume de enero
Y perderme ufano en tu clara hondura.

Déjame morder tu cáscara jugosa
Déjame flamear allí, en el paraíso
Déjame saciar mi sed y mi apetito
De tu pulpa inalcanzable de diosa.

Quisiera recorrerte como cálida brisa
Y erizar tus poros de fruta alevosa
En mi lengua aguada ante la prisa
De querer poseer tu entraña primorosa.

Déjame llegar al filo de tu abismo
Y ahogarme perdido en tu finura pulposa.   
Déjame posar en tu capullo encendido
Y quemarme en las llamas de tu pared carnosa.

Quisiera, aunque fuera un pequeño mordisco,
De esa miel que me llama tan pecaminosa,
Y esperar del Señor el peor de los castigos
Y arder en el infierno…
Por desear desflorar una rosa.