21.3.17

Otoño

Una a una van cayendo
Como letras de un poema
Acarreadas por la brisa
de este abril de luna nueva.
Unas ocre, unas zainas,
otras que mueren de pena
porque aún con savia fresca
volverán a ser esencia.

Se ha teñido de amarillo
El camino hacia la escuela
Alfombrado de crujientes
Retazos de hojillas muertas.
El sol se duerme temprano
Y más tarde se despierta
Hay humo en las chimeneas
Es señal de invierno cerca.

El árbol se siente vano
Sin aves en sus horquetas
Alza sus ramas al cielo
Como rogando que vuelvan
Con su trinar encendido
De estío en hora de siesta
Cuando la brisa no sopla
Y el verde esta en la floresta.

Aromas de chocolate
Con leche y azúcar negra
se entremezclan en el aire
Con el olor a humareda
De las fogatas que vuelven
En cenizas las hojuelas
Esas que ayer eran sombra
Y hoy ensucian las veredas.

Se ha instalado ya el otoño
Y mi alma lo festeja
con un latir enjundioso
de poeta en musa plena.
Es el tiempo de pantuflas
Y  sillón junto a la hoguera
Es tiempo de poesía
Y melancolía buena.

2.3.17

El llamado

Cae la lluvia insensible en las calles silenciosas;
Estrepitosa hemorragia en la noche despoblada
Que de sólo crepitar como le antoja
Carcome mi humanidad tan desalmada.

Y aquí estás, como un gorrión empedernido,
Empeñada en quitarle la libertad a mis andadas
Y clavarle clemente el último cuchillo
A mi pobre corazón que ya no es nada.

No quiero ser consciente del último suspiro,
No quiero darme cuenta de mi última pisada;
Más sé que estás, y estoy tranquilo
Aunque me lleves poco a poco y en tajadas.

Cae la lluvia insensible en las calles silenciosas;
Amé la soledad y sus coartadas,
Amo el sentirme sólo una cifra de la vida,
Así que no te regodees… pues no estoy aquí por tu llamada.