3.6.18

Hoy estuve pelando mi cebolla.

Resultado de imagen para anciano recordandoLa melancolía serpentea silenciosa
Por la aurora boreal de los recuerdos
De una vida que una vez no fue otra cosa
Más que felicidad y gozo pleno.
Imposible escuchar esa canción
Sin que acuchille la daga del recuerdo
Porque me lleva a pensar en ti. Pero no por ti,
Sino por mis queridos viejos tiempos.
Ayer, tan sólo ayer yo era un borrego,
La vida florecía y el futuro estaba lejos.
Hoy tengo el futuro entre mis manos
Pero leo los libros del recuerdo.
Encontré la rosa que dejaste,
Señal que no soñé, que fue muy cierto
Ese ayer despojado de este lastre
Que hoy cuelga de mi traje de viejo.
Imposible escuchar esa canción
Sin que una lágrima ruede por mi pecho
Añorando volver por un instante
A  aquellos benditos momentos.
La vida es así, cual la cebolla
Capa a capa en el tiempo va creciendo
Y se hace grande, verde y sustanciosa
Pero tiene un final como los cuentos.
Y así también si la hurgas capa a capa
Desnudo con tu ser en el silencio
Entre más profundo claves el cuchillo
Más profuso será el duro lagrimeo.
Hoy estuve pelando mi cebolla.

Sunset

Una muchachita de ojitos marrones
Se posó en mi vista, casi sin querer,
Estaba encorvada sobre el banco verde
Acallando el llanto en el atardecer.

Resultado de imagen para anciano en el banco de la plazaEn la Vía Láctea de pequeñas pecas
Que eran sus mejillas de rosa y de miel,
Un sutil orfebre engarzó una lágrima
Que triste corría hacia el gris papel.

Tenía en sus manos una hoja de carta
Y sobre su pollera de tela acrocel
Un corazoncito de rojo escarlata
Que seguramente se lo diera él.

Miraba al vacío de la vieja plaza
Como si buscara su consuelo en él,
O quizás pensando cuál era su culpa
Si lo había amado con todo su ser.

Percibí en su rostro de ángel herido
Que el dolor punzaba con cuchillo cruel,
Y pensé en los años que llevo conmigo
Que el amor por siempre tuvo un arancel.

Y me vi yo mismo en aquella chiquilla
Llorando en la plaza con llanto de hiel
Hace varios lustros, al amor rendido,
Acallando el llanto en un atardecer.

2.6.18

Tarde de gorriones

Un nuevo día gris en la mirada,
Los gorriones henchidos por el frío
Se acurrucan amorosos en las ramas
Planteándole al invierno un desafío.

En esta bruna tarde amada mía
Estiro mis garras al silencio
Para atrapar toda aquella antología
De poemas que escribimos en tu cuerpo.

Y no digas que no, lo necesito
Quiero hallarte en el largo laberinto
De las horas que gastamos beso a beso
En nuestro ardiente adolescente instinto.

Han pasado ya… ya muchos años
Y la elipse del tiempo lo ha esfumado,
Mas te conservo desnuda entre mis brazos
Como el más hermoso diamante engarzado.

No me pidas perdón por haberme dejado
Antes de que el tiempo encaneciera tu huerto,
Mas no existen recuerdos más hermosos
Que lo que pudo ser y no fue cierto.

Es verdad que tuve una gran vida,
Otra mujer me acunó en su seno
Y la amé, sin mentirte lo confieso
E hizo de mí un hombre más bueno.

Pero el elixir de tu aroma de ángel
Persistió como estrella en el tiempo,
Y hoy, ya en el final de mis días
Te he traído a mi lecho de muerto.

Quiero irme tranquilo esta noche
Amalgamado contigo hacia el cielo,
Por eso te he traído a esta tarde…
De gorriones en pleno invierno.

1.6.18

El regreso

Parece que alguien ha muerto…
En la vieja aldea, de pequeñas casas
Pareciera como si alguien hoy ha muerto.
Y yo regresando, hijo de este pueblo
Que un día partiera a futuro incierto.
Aún tengo fresco el vivo recuerdo
De cuando me fui por este sendero
Que lleva al asfalto, al mundo moderno,
Que lleva al futuro y hasta al mismo infierno.
Mi madre lloraba y en su desconsuelo
Prometí que pronto volvería al pueblo,
Para asir su mano y abrazar su cuerpo,
A buscar su amparo en el frío invierno.

Pero esto es muy raro, hay mucho silencio…
Las sendas vacías, no ladran los perros,
Y en los paredones de piedras sin tiempo
El sol sigiloso recuesta su sueño.
Sobre las genistas de amarillo intenso
Las abejas zumban su dulce secreto,
Y en los eucaliptus que rodean el cerro
Escondido trina solo el benteveo.
El sauce silente se mece embustero
En el entrevero que le brinda el huerto
Con vides curvadas, verbenas y ajenjo,
Tercas madreselvas,  peras y ciruelos.

El silencio cunde en el calor de enero.
Cruza una gallina junto a sus polluelos,
Y hasta los portones de madera y hierro
Están hoy cerrados como con misterio.
Hay un gran silencio…
Y poquito a poco me acerco a mi techo.
Ansío ya mismo el mirar intenso
De mi santa madre en su lagrimeo;
Ansío ya mismo asirla en mi pecho
Para regalarle mi más dulce beso…
Está todo igual cual yo lo recuerdo.
El parral, la bomba
De agua y el cantero
Colmado en gladíolos y malvones tersos.
El tilo y la acacia aún son inmensos,
Y el horno de barro sigue contra el cerco.
El galpón de chapas, el leñero, el huerto,
Y al fondo del todo gallinas y puercos.
Nada está cambiado en mi querido pueblo…

Miro hacia lo lejos…
Y de pronto veo
Cruzando el arroyo del puente de hierro,
Que todos caminan rumbo al cementerio.
Una caravana teñida negro transita marchita
Acarreando un féretro.
El cura, la machi y hasta algunos perros
Son parte solemne del final cortejo.
Pero me disculpo ante el Dios supremo
Y envío de lejos al cristiano muerto
Mi sentido pésame y santo respeto.
Mas lo que yo quiero en este momento
Es tan sólo entrar a mi rancho bueno.
-¿Cómo estará mama? Más viejita, es cierto-
Pero siempre dulce como miel de trébol
Con su trenza al viento y con su pañuelo,
Con sus manos blancas de paz y silencio.
Golpeo la puerta y espero contento
Su asomar cansino de otoños y tiempo.
Pero nadie asoma, ¿estará en el cortejo?..
… Se me hiela el alma, se agita mi pecho,
Mis vellos se erizan, se anuda el garguero.
Y así, sin pensarlo disparado salgo
Corriendo al camino que va al cementerio.
Voy pidiendo a Dios que no sea cierto,
Que no sea ella la que está en el féretro
-        Que no sea mi madre diosito te ruego
-        Que no sea ella la que se fue al cielo…

Llego al cementerio, está todo el pueblo,
Y como un enjambre de atavío negro
De a uno se abalanzan con brazos abiertos,
Con rostros sombríos y en hondo silencio
Para consolarme y darme sus respetos.
No quiero creerlo, no quiero creerlo,
Por eso me acerco al ataúd de fresno,
Levanto la tapa rogándole al cielo,
Y allí está Ella en el ancho sosiego
Que brinda la muerte al llegar su tiempo.
Allí está Ella cruzando sus dedos
Crucifijo en mano cabalgando al cielo
Con su rostro frío y mudo su cuerpo...
...Y yo regresando, hijo de este pueblo
Que un día partiera a futuro incierto.