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21.3.17

Otoño

Una a una van cayendo
Como letras de un poema
Acarreadas por la brisa
de este abril de luna nueva.
Unas ocre, unas zainas,
otras que mueren de pena
porque aún con savia fresca
volverán a ser esencia.

Se ha teñido de amarillo
El camino hacia la escuela
Alfombrado de crujientes
Retazos de hojillas muertas.
El sol se duerme temprano
Y más tarde se despierta
Hay humo en las chimeneas
Es señal de invierno cerca.

El árbol se siente vano
Sin aves en sus horquetas
Alza sus ramas al cielo
Como rogando que vuelvan
Con su trinar encendido
De estío en hora de siesta
Cuando la brisa no sopla
Y el verde esta en la floresta.

Aromas de chocolate
Con leche y azúcar negra
se entremezclan en el aire
Con el olor a humareda
De las fogatas que vuelven
En cenizas las hojuelas
Esas que ayer eran sombra
Y hoy ensucian las veredas.

Se ha instalado ya el otoño
Y mi alma lo festeja
con un latir enjundioso
de poeta en musa plena.
Es el tiempo de pantuflas
Y  sillón junto a la hoguera
Es tiempo de poesía
Y melancolía buena.

23.6.12

Instante


Es tarde de enero por las chacras.
Tirados aquí, bajo el manzano
Vemos las rojas perlas que se hamacan
En el perfume siestero del verano.

Junto a nosotros está la vieja radio
Que buenas canciones ya no pasa
Talvez se las robaron estos años
Que en el alma y la piel dejaron marcas.

Tomo un trozo de hierba entre mis manos
Y me pierdo en los aromas de la alfalfa
Recuerdo cuando junto a mis hermanos
Guerreábamos alegres con manzanas.

Y después de la batalla refrescarnos
En el canal que se entregaba a nuestras anchas
Amplia piscina de arena,  barro y pasto
Hijo del río, fuente de la vida valletana.

Un tractor que por la calle pasa
Me devuelve al presente con su trueno
Lleva cajones del fruto prohibido
Que prontamente marcharán camino al puerto.

Ahora veo que dormida te has quedado
Como hace tiempo estás abandonada
Entregada a la tarde y al silencio
Que juntos juegan entre surcos verde y malva.

Entonces me cuelgo entre las nubes
Esos barcos que mi imaginación ganan
Y zozobro en un mundo de siluetas
En esta tarde de enero por las chacras.

8.6.12

Mi alma entre tus árboles


Huechulafquen, lago de los altos,
paraíso a mis ojos en Los Andes
con tu verde quietud me enamoraste
y ya en vos, nunca más pude dejarte.
Al son de sinfonías en arroyos
tu alma azul y seductora abre sus fauces
y entregas altanero tus bondades
a todos quienes beben de tu cauce.
No pienso en otra cosa más que en vos
a la hora de soñar con retirarme
de la lucha por la vida cotidiana
para pacer plácidamente en tu paisaje.
Ceniza quiero ser de ese gigante
que cuida tus espaldas, Huechulafquen
esa pústula enorme de la tierra
de nieve blanca eterna e inmaculada imagen.
Ojalá mi bien que la codicia humana
nunca enferme la pureza de tus aires,
mas quiero que mi hijo y mis bisnietos
puedan verte siempre fuerte y arrogante.
…el día que me muera, Huechulafquen
quiero a mi alma jugando entre tus árboles

31.5.12

Tormenta


Una tropilla, jinetes negros,  crines rizadas
Viene a lo lejos, batiendo parche de piedra y agua.
Muestra su espada de oro flagrante y flashes brillosos
Con estruendosos motes de fuerza y cañón rabioso.
Monta en el viento que desde el norte canta su zamba
De aire caliente, de remolino y arena en llamas.
Acá en las chacras, pavura hay en la paisanada
Más no han pecado y San Pedro amaga con la pedrada.
Ya lo sabían, lo anunció el perro en la madrugada
Con su revuelco de tierra seca y cola empolvada.
Se prenden velas con ruego santo y honda plegaria
Pidiendo al cielo por la cosecha y la brega diaria…

Se hace un silencio…

y  como presagio de la llegada
Caen gotones medio dispersos sobre las chapas.
Ruidosos chocan los postigotes de las ventanas
Y el sauce tiende su melenota de verdes ramas.
Ya los gorriones asustadizos buscan la calma
Que le propician las grandes hojas de la enramada.
Y las gallinas cobardes corren como azuzadas
Hacia el tinglado que está en el fondo, allá, tras la casa.
Truena el infierno descerrajando el cielo y la nada
Ardiendo en rayos y ráfagas firmes y huracanadas.
Vuelan mil granos de tierra seca y hojas sesgadas
Vuelan papeles, los cardos muertos y la misma casa…

Vuelve la calma…

Como diciendo –no pasa nada-
Pero se sabe que es mejoría de escasa laya.
Atrás se viene la estrepitosa cortina ufana
De átomos grises, que exhalan gotas de húmeda agua…
Y se desata ese manantial que del cielo emana
Furia dantesca arrasando todo lo que desgrana.
Se rinde el sauce, se rinde el suelo y la paisanada
Ante tremenda muestra de fuerza y bravura nata…

Fueron minutos…

Sólo minutos de truenos y agua.
No cayó piedra y lo celebra la paisanada
Con mate amargo y tortas fritas recién amasadas
Y agradeciendo mirando al cielo y a la esperanza.

16.5.12

Una mañana por las calles de Guerrico

Al volver a caminar por las calles de Guerrico
Me remonto cuarenta años, cuando chico
Su fragancia de hojas y de rama quemada
Me devuelven los aromas de mi infancia dorada.
¡Tantas veces caminé sobre estas piedras!
En los inviernos de chacra congelada
Yendo a la escuela con mis vecinos, los Garrido
esos hermanos de juego y caminata.
¡Cómo ha cambiado mi escuela 68!
Está más grande, le han cambiado su facha
Y aunque aún sobrevive la vieja campana
Ya no estás mi señorita Iris Allende
Ni Tú, señora Amelia de Manca.
Si habré jugado a la pelota sobre el hielo
De la escarcha que alfombraba nuestra cancha
En esos días de 15 bajo cero
Cuando la vida se encendía a nuestras anchas.
Recuerdo no llevar más otro abrigo
Que los pulóveres de tejido a mano santa
Las de mi madre, tan altiva y tan sufrida

Mujer hermosa, solidaria, pura y sabia.
La misma que velé en aquella casa
De la orilla del canal de verdes aguas
En aquel diciembre del 74
Escuela 68 de Guerrico
Cuando recién por la vida transitaba.
Amo a mi lindo Guerrico 
porque allí sí fui feliz
Como un duende entre las chacras
Maravillando mi casta alma de niño
Y endulzando el corazón como manzana.
También viene al recuerdo mi gran padre
Ese trabajador de jornadas y jornadas
Si hasta parece que aún lo veo pedaleando
En su bici bajo el sol de esta mañana.
Adoro las calles de Guerrico
Con sus álamos, yuyales y alambradas
Son el camino directo a mi pasado:
A mi feliz y hermosa  infancia.

1.4.12

Cosechero


Las sombras largas de las finas alamedas
se recuestan en tu alma de manzanos y peras;
el sol se hace sangre en el ocaso
y penetra mi olfato la noche que se acerca.
 
Ha acabado otro día de la dura cosecha,
De escalera pesada, de transpirada tela
Y regreso hacia mi pieza falleciente
Por tus calles empedradas y maltrechas.

Entre aromas de alfalfas y de menta
Me zambullo en el agua de un canal que te riega
Agua bendita para mi piel cansada
Fresca quimera que mi alma renueva.

No conozco otro mundo, sólo chacra y acequia
¡Pero soy tan feliz pisando vuestra tierra!
Recogiendo tus frutos, sacando la maleza
Levantando la patria desde mi humilde senda.

Mi querido valle de entre las mesetas
Que siempre te colmes de manzanas y peras
Y que siempre mi mano pueda recogerlas
En el soleado estío, en la sórdida siesta.

Soy tu cosechero, levanto tu ofrenda
Soy ese que canta sobre la escalera
Soy el que entre plantas, aunque truene o llueva
Me rindo a tus pies como a una doncella.
Soy parte del polvo que en el viento peinas
Soy como el gorrión que anida en tu tierra
Y el que se levanta jornada tras jornada
a jalar tu rienda.